
ARTE JOVEN EN EL ICPNA DE SAN MIGUEL
Debe ser la primera vez que visito la sala de exposiciones del ICPNA-San Miguel, en la cuadra 24 de la avenida la Marina
Está muy cerca al cruce con la avenida Fauccet. El ingreso es libre y está ubicado en un sótano que nos hace recordar la sala del ICPNA en el centro histórico de Lima. La diferencia, empero, es que ésta tiene una escalera de caracol que brinda un sugestivo aporte estético, mientras que en el local de San Miguel el descenso es como bajar a una lúgubre cochera. En el exterior no hay carteles ni alguna señal amable que anuncie la expo.
Llegamos casi al mediodía y me decepcionó encontrar la sala sin visitantes pese a que en las inmediaciones resaltan los concurridos centros comerciales Open Plaza, Metro y el Plaza San Miguel que -dicho sea de paso- dejó de tener cochera gratis pues ahora está en manos de Apparka. Tarea para la casa: ¿Qué hacer para que todo ese público que se vuelca a los centros comerciales complemento su paseo con una visita a una galería de arte?
Según la organización, esta muestra consta de 33 obras finalistas seleccionados entre 220 presentadas en todo el país. Lo más interesante es que participaron artistas con formación académica y autodidactas que utilizan una variedad de técnicas artísticas que van desde la pintura hasta la fotografía, pasando por bordados, vídeos e instalaciones.
“Esta diversidad de lenguajes y enfoques refleja la riqueza y el nivel técnico y de innovación del arte contemporáneo en nuestro país. La exposición no solo es una muestra del talento y la diversidad del arte local, sino que también invita al público a reflexionar sobre cuestiones críticas en la sociedad actual”, reza la presentación oficial de la exposición.
Suena bien pero lo primero que salta a la vista es la instalación de un montón de tierra agrícola con papas (algunas con brotes) esparcidas sin ningún orden. Pienso: “pucha, otra insoportable instalación telúrica y andina”. Y ya quiero escapar, pero al acercarme descubro que cada tubérculo está impreso con el retrato de anónimos personajes que le da una estética tenebrosa y, al mismo tiempo, de un fino humor telúrico.
Esto me impulsa a recorrer con nuevos bríos la muestra. Sin duda, hay algunas piezas que yo no hubiera seleccionado pero otras que sí demuestran creatividad, sensibilidad y arte. Me quedo, por ejemplo, con Yanantin, de Liz Quispe Cárdenas, y ese delicado tejido en alambre de cobre que conectan a un grupo familiar con aves: “Tu abuela es un urpi más y sigue volando cerca nuestro…”.
Y me gusta porque sigo convencido que somos un país textil y me da gusto comprobar que las nuevas generaciones de artistas así lo entienden.


También me atrae una chakana narrativa que consta de espacios enmarcados en madera, pintura y pan de bronce donde se pueden descubrir estampas inspiradas en los dibujos de Guamán Poma de Ayala pero con escenas contemporáneas. La artista se llama Verónica Penagos Gallart y la tituló Revelaciones para el pachakuti. Sincretismo entre el tarot y l chakana.


A estas alturas la muestra (y la visita) ya se justificó y es cuando damos con la instalación Chiririnkachallay musuq parariyta huykuway (Moscardoncito dame un nuevo amanecer) de Marinia Wamani. Se trata de “altar de luto y resistencia” por las mujeres que perdieron a sus hijos durante la represión estatal provocada por el golpe de estado de Pedro Castillo y la violenta respuesta ordenada por su vicepresidente Dina Boluarte. De lejos, es la pieza más conmovedora y bella de la muestra.

También me llamó la atención una pequeña instalación confeccionada con bioplástico degradable impreso en 3D y grabado sobre acrílico. Su autor, Arturo Torres Cabrera, la tituló Paisaje: “La obra fue trabajada con un software de modelo paramétrico a partir de la conversión de un bloque de texto en valores numéricos. El poema Paisaje, del escritor virtual Ian Sarmiento nos habla sobre la pérdida y cuestiona si lo que queda una vez perdido un objeto es el objeto mismo…”
La explicación suena interesante pero yo le habría agregado a la instalación las fórmulas matemáticas o las ecuaciones que provocaron tan interesantes volúmenes sobre los que se grabaron los versos.

Pero hay mucho más e igual de interesante. Como el retablo confeccionado con avioncitos elaborados con billetes de intis y otros pintados con las parihuanas que inspiraron los colores de la bandera peruana según la mitología de fiestas patrias.
O la otra instalación que representa el rojo, blanco y rojo de nuestra bandera compuesta por un comic de Luis Baldoceda, con el dramático testimonio de un exmiembro de Sendero Luminoso.
Podría continuar, pero lo mejor es visitar esta interesante exposición que estará abierta hasta el 20 de diciembre en la sala del Cultural Peruano Norteamericano de San Miguel






