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4 de mayo de 2026

TRATARÁN DE DESCIFRAR LOS MISTERIOS DEL CERRO LA HORCA

Un grupo de arqueólogos retomó las investigaciones en el enigmático
y tenebroso morro vecino a la fortaleza de Paramonga

Roberto Ochoa Berreteaga


Pasaron casi cien años desde que el Dr. Julio C. Tello visitó Paramonga especialmente invitado por los propietarios de la hacienda y se sorprendió al comprobar la magnitud de la célebre “fortaleza” y otros testimonios arqueológicos de lo que fue el esplendor cultural prehispánico en el valle del río Fortaleza, en la provincia de Barranca, Lima.


El Dr. Tello no solo fue considerado el padre de la arqueología peruana por sus hallazgos y el titánico registro en todo el territorio nacional. También fue un visionario que supo identificar al turismo y la arquelogía como un binomio integrador para el desarrrollo económico regional y nacional.

Fue en 1928 cuando visitó toda la zona cercana a la desembocadura del río Fortaleza y pronóstico que la denominado “fortaleza” de Paramonga, integrada al vecino complejo arqueológico del cerro La Horca, deberían ser el eje de un circuito arqueológico y turístico para el norte chico de la región Lima.

No le faltó razón pero hoy en día el circuito turístico más cercano es el de Caral, en el vecino distrito de Supe, también en Barranca. De ahí que resulte una buena noticia saber que un equipo de arqueólogos dirigidos por José Luis Fuentes Sadowski está investigando el Cerro La Horca, ubicado a solo dos kilómetros al norte de la “fortaleza” de Paramonga. Sus estudios no sólo darán nuevas luces sobre este enigmático sitio arqueóligo sino que también sirven para advertir las amenazas: la zona ha sido convertida en un relleno sanitario y zona de desmonte para todas las obras del vecino puerto de Paramonga. Por si fuera poco, hoy en día ha sido invadida por traficantes de tierras que ya ocuparon zonas reservadas por su alto contenido cultural y patrimonial.


Como será de sensible la zona que hace una década, cuando se construyó la ampliación de la Panamericana Norte, en las labores de rescate arqueológico realizado por la consultora Quetzal, Autopista del Norte y el MTC; se descubrieron medio millar de entierros que dieron nuevas luces sobre la ocupación de la zona. El equipo, liderado por Luis Valle, halló una alta ocupación de pobladores con cráneos deformados (alta mortalidad infantil) y tumbas con un sencillo ajuar funerario del que se pudo rescatar cerámicos (chimú, Pativilca, Chancay, etc.) algunas piezas líticas y de madera. También revelaron tumbas de infantes acompañados con los perros pastores similares a los chiribaya. El hallazgo demuestra el respeto que provocaron estos canes cuya fama de pastores trascendió épocas y pisos ecológicos en casi todo la costa peruana. “En cuanto al registro de entierro de perros, a partir de las excavaciones ejecutadas y contrastando los hallazgos con otros casos en los que se ha reportado canes del mismo morfotipo (pelaje corto de color amarillento), podemos suponer que se trata de una práctica asociada a eventos de cambio, reorganización y renovación de espacios en sitios arqueológicos. Al tener similares condiciones y recurrente tratamiento de los cuerpos en un amplio espacio territorial, el entierro de perros sugeriría que ocurrió en una época de gran dinamismo entre la costa central y la costa norte. Cerro La Horca se convierte, de este modo, en un espacio donde se reeja y materializa la complejidad de las sociedades en los periodos tardíos del desarrollo prehispánico…” revela el informe técnico.


Vale destacar que la alianza de la consultora Quetzal con Autopista del Norte ha cumplido con la publicación de buenas colecciones (cuatro tomos finamente editados y con magníficas ilustraciones) que dan nuevas luces sobre las sucesivas ocupaciones de Cerro La Horca. La obra se puede revisar también en internet:

(www.researchgate.net/publication/344868253_CERRO_LA_HORCA_TOMO_I_EXCAVACIONES_Red_Vial_4_distrito_de_Paramonga_provincia_de_Barranca_Lima_Ministerio_de_Transportes_y_Comunicaciones)


Un detalle interesante es que en el informe de Quetzal ya se citan las primeras investigaciones realizadas por Fuentes Sadowski: “en el 2002, el estudiante de arqueología José Luis Fuentes Sadowski elaboró un informe para el curso de prácticas pre profesionales II en la carrera de arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, denominado Proyecto de Investigación en Cerro La Horca. Este trabajo consistió en una descripción detallada de los componentes arquitectónicos y la división del sitio en sectores, denominados A, B, C y D. El Sector A es el que conocemos como Cerro La Horca y, según la prospección de Fuentes Sadowski, está

compuesto por 16 montículos, cuatro plazas, tres terrazas, dos caminos que circundan el sitio arqueológico, murallas, tres plataformas ubicadas en la cima del cerro y varias zonas que fueron utilizadas como cementerio…”.


Cerro La Horca está ubicado en el kilómetro 215 de la Panamericana Norte, muy cerca a uno de los túneles de mayor belleza arquitectónica de esta autopista. La zona no pasa desapercibida por la formidable “fortaleza Paramonga” debido a su voluminosa construcción sino también por su formidable arquitectura militar. La versión casi oficial es que fue construída por los incas cusqueños tras la brutal conquista del reino Chimú y se convirtió en algo así como baluarte y, al mismo tiempo, monumento a la formidable conquista del reino norteño. Todo esto sucedió medio siglo antes del desembarco de los cristianos.

Dos kilómetros mas adelante se ve al cartel que anuncia Cerro La Horca. Su ubicación casi a orillas del mar nos recuerda otras formidables edificiones como las de Cerro Azul (en Cañete) o Cerro Salitre, en Mala. Ambas se elevan sobre la desembocadura de importantes ríos costeños. Sin embargo, en la Horca también es un morro con toda la cima cubierta de imponentes muros, pero ese espolón rocoso ha sido partido en dos por el curso del río. Y este es un interesante detalle: a la altura de la “fortaleza” de Paramonga el río Fortaleza desvía su rumbo hacia el mar y se apunta hacia el norte hasta erosionar el morro de Cerro La Horca. Disculpen mi especulación pero no parece un desvío natural. Es como si hibieran desviado el curso de la desembocadura para unir exprofesamente ambos monumentos arqueológicos. O también para aprovechar esa fina arcilla que arrastra el río antes de desembocar el mar. Es una arcilla que se incrementa en épocas de lluvias (mejor aún si son diluvios propios del fenómeno del Niño) y no sólo enriquece la industria alfarera (se hallaron hornos cerámicos en las excavaciones de Quetzal), también contribuye al proceso de domesticación del agua y la renovación en la expansión de pisos y construcción de nuevos y monumentales edificios.

“Lo particular del sitio es que se encuentra un alto promontorio rocoso frente al mar que se eleva sobre la llanura circundante, los campos agrícolas al sur y el trazo del río Fortaleza. Este cerro presenta un acantilado muy pronunciado hacia su lado oeste, cayendo prácticamente a pique hacia el trazo del río Fortaleza pocos metros antes que desemboque en el océano. En su cima hay una construcción o larga plataforma que cubre prácticamente todo el largo de la cima, presentando 2 plataformas más bajando la cresta del cerro hacia el oeste” nos explica Fuentes Sadowski.


Como en otros lugares similares contiguos a desembocaduras de ríos, se dice que desde la cumbre del morro se despeñaban ofrendas a la mamacocha (la madre de la aguas, o sea, el mar) incluyendo seres humanos de todas las edades y sexos. Pero esto no explicaría el nombre de La Horca cuando lo más tanático que se ve en la cumbre es una especie de tumba coronada con una cruz donde aún se pueden leer los nombres de los cinco tripulantes de una avioneta que se estrelló en 1950. Las víctimas fueron peruanos y extranjeros que tripulaban la nave y trabajaban en la hacienda vecina.

“¿Por qué ese siniestro nombre?” se pregunta Fuentes y responde: “Una leyenda local hace mención, ya recogida desde comienzos del siglo XIX por una serie de viajeros y estudiosos como Stevenson, Paz Soldán, Wiener, Mejía Xesspe y Villar Córdoba; que de la cima de este cerro se arrojaba al acantilado a los condenados a muerte por la justicia prehispánica. Esta leyenda persiste hasta la actualidad en la población del valle y creemos que son reminiscencias de antiguos sacrificios humanos practicados en la cima y los cuales incluyeron el despeñamiento en el acantilado hacia el mar”.


Y añade: “Este cerro estuvo circundado por una serie de muros de los cuales quedan algunos vestigios, y entre el mismo y la Panamericana se ubica toda una serie de construcciones monumentales como montículos o huacas circundando una serie de patios o plazas de planta cuadrangular, llegando a ser algo de veinte. Algunos adquieren una gran envergadura y altura, siendo una serie de montículos con terrazas y plataformas. Los mas grandes llegan a medir casi diez metros de altura, y tienen planta cuadrangular mayormente. Se observa en porciones de muros descubiertas que emplearon cantos rodados grandes y también adobes paralelepípedos de mediano tamaño. Algunos se adosan a las colinas pequeñas que circundan el sitio, o se adaptan a la topografía del terreno. En su cima varios tienen estructuras de planta rectangular hechas de cantos rodados”.

Por todo esto es bueno resaltar el inicio de las investigaciones que, ésta vez, cuenta con el apoyo de profesionales de dos grandes universidades nacionales. Falta saber si los gobiernos locales, regionales y las instancias públicas apoyarán en la reubicación de los botaderos de desmonte y en el desalojo de los invasores.

A decir de Fuentes Sadowski, “El Proyecto de Investigación Arqueológica Cerro de la Horca inició su primera temporada en el mes de marzo del presente año. Su objetivo primordial el esclarecer la filiación cronológica y cultural de los principales edificios y construcciones del sitio arqueológico, ya que por los antecedentes de investigación no se tiene claro hasta ahora estos aspectos de los edificios de mayor envergadura. Es por ello que trazamos tres unidades de excavación, una en la edificación de la cima del cerro, y las otras en el sector de montículos al pie del mismo, siendo la Unidad B una trinchera emplazada en el frontis principal del Montículo A, la huaca más importante del sitio, y estando la otra en la cima de otro montículo importante, a la entrada de una estructura de planta rectangular”.


Los arqueólogos comprobaron que Cerro de la Horca enfrenta un problema grave debido a que hasta la actualidad el sitio viene sufriendo la agresión de volqueteros o transportadores de desmonte y residuos sólidos que siguen echando desmonte de construcción pese al panel del Ministerio de Cultura. También se expandió el asentamiento humano de Nuevo Pararín en dirección al sitio, posicionándose donde estuvo el antiguo relleno sanitario. Si bien no ha ingresado al área arqueológica protegida por el polígono del Ministerio de Cultura podría significar un riesgo para el futuro.


En crónicas y documentos arqueológicos se puede leer la existencia en la zona de muros pintados y murales finamente ilustrados con figuras multicolores. Falta saber si los nuevos hallazgos del equipo de investigadores nos puede ofrecer nuevas luces sobre el enigmático Cerro La Hora y esa misteriosa cultura que prosperó en el extremo norte de la actual región Lima y, a la vez, en el extremo sur de lo que fue la portentosa civilización chimú.

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