Texto y fotos Oscar Montúfar Latorre.
La mañana del pasado 30 de agosto un sol pálido se asomaba sobre la plaza Túpac Amaru, en Cusco, mientras un grupo de cincuenta caminantes, principalmente guías de turismo -ávidos de conocimiento y aventura- nos reuníamos para iniciar una travesía de dos días.
Tres movilidades nos esperaban para llevarnos a un destino legendario: la última capital de los inkas, Vilcabamba, el último bastión de la resistencia andina. Nuestro objetivo no era solo viajar, sino capacitarnos en conocimientos arqueológicos, históricos y culturales. Este viaje lo organizamos con Inkari – Centro Cultural.


Partimos a las 6 en punto de una mañana que, pese a los tímidos rayos de sol, seguía igual de fría luego de soportar una helada madrugadora. La ruta nos regaló vistas espectaculares del Valle Sagrado de los Inkas, de la pampa de Anta y de Huarocondo, célebre por sus lechones. El legendario Waqaywillke o nevado Verónica nos dio la bienvenida y nos acompañó en esta marte del camino.
Nuestra primera parada fue en Ollantaytambo, la única ciudad inka viva, donde un merecido desayuno nos recargó de energía. Su arquitectura monumental era buen inicio para este fascinante viaje.


En seguida, el camino nos condujo a un lugar fascinante: la microcuenca de Pacchar y, poco antes de la comunidad de T´astayoq nos esperaban las Qolqas o Almacenes de Peñas. En este sitio, los participantes pudimos comprender de cerca detalles de la sofisticada ingeniería y arquitectura inka en su máxima expresión. La función de estos depósitos, los productos y bienes que se guardaban en ellos, sus características arquitectónicas y, sobre todo, la relación estrecha que tenían con un espacio geográfico con la cercana ceja de selva. En esta parte del camino pudimos explicar la importancia estratégica de estos depósitos o qolqas, fundamentales para la administración y distribución de alimentos y otros bienes en el estado inka.


Continuando la ruta, el paisaje se transformaba; las montañas se volvían más agrestes y el verde se hacía más intenso. Pasamos el Abra Málaga (4,316 metros sobre el nivel del mar), el punto más alto de la carretera que conecta Cusco con la ciudad de Quillabamba.

A la hora del almuerzo, llegamos a Wamanmarka (o Huamanmarca), un complejo arqueológico que nos sorprendió con su historia. Aquí, nos detuvimos para explorar su impresionante ushnu, una plataforma ceremonial en forma de pirámide escalonada desde donde los inkas realizaban rituales y observaban los astros. Esta visita nos permitió sumergimos en detalles inéditos de la cosmovisión andina y, de paso, comprobar la energía del lugar.


Al caer la noche arribamos a Huancacalle, nuestro campamento base en Vilcabamba. El cansancio del viaje se disipó con una cálida reunión alrededor de una fogata. Las risas, las historias y el aroma de la parrilla crearon un ambiente de camaradería inigualable. Al calor de las brasas, planificamos la jornada siguiente, conscientes de que estábamos a punto de explorar los últimos bastiones del Tawantinsuyo.


El amanecer nos encontró listos para la exploración. Muy temprano partimos hacia Vitcus, el primer punto de nuestra capacitación en Vilcabamba. En este sitio, los participantes comprobamos detalles de la arquitectura inka y, sobre todo, en la heroica gesta de Manco Inka. Sentir el lugar donde se escenificó la última resistencia inka fue una experiencia conmovedora y vital para entender su legado. La capacitación se centró en la cosmovisión andina y el simbolismo de cada estructura, ofreciendo una perspectiva más profunda de lo que fue este Estado.

Posteriormente, visitamos Ñusta Hispana y Yuraq Rumi, dos sitios que complementaron nuestra comprensión del período de resistencia. La majestuosidad de Ñusta Hispana y las enigmáticas rocas de Yuraq Rumi nos recordaron la fortaleza y espiritualidad del pueblo inka.
Con el alma y la mente nutridas de conocimiento, iniciamos el camino de regreso. Después de un último almuerzo y la sensación de haber completado una misión trascendental, retornamos a la ciudad del Cusco.

Fue un viaje inolvidable. Una travesía que superó nuestras expectativas y nos dejó con la certeza de que la historia de Vilcabamba sigue viva, esperando ser contada por quienes tuvimos el privilegio de pisar su suelo.

Aquí un breve resumen de la importancia de la gesta de Manco Inka:
La rebelión de Manco Inka de 1536 a 1572 fue la respuesta militar inka a la invasión española, buscando la restauración del Tawantinsuyo. Tras ser nombrado inka títere por los conquistadores, Manco Inka se rebeló al percibir su manipulación. El levantamiento se inició con un cerco a la ciudad del Cusco y una estrategia coordinada de ataques a lo largo del imperio.
Inicio y Desarrollo de la Rebelión (1536-1537)
En 1536, Manco Inka lideró un levantamiento a gran escala. Su objetivo principal fue expulsar a los españoles del Cusco y de la recién fundada Lima.
Cerco al Cusco: Manco Inka dirigió un ejército de aproximadamente 100,000 guerreros, sitiando la capital inka. A pesar de la superioridad numérica, los inkas no lograron tomar la ciudad debido a la tecnología militar española (armas de fuego y caballería) y sus aliados Cañaris, Chachapoyas, Huancas, entre otros, liderados por Hernando Pizarro. Los inkas estuvieron cerca de la victoria, especialmente durante el asalto a la Casa del Sol denominada posteriormente como la Fortaleza de Saqsaywaman.
Ataque a Lima: Al mismo tiempo, el general Quiso Yupanqui marchó hacia la costa y asedió la Ciudad de los Reyes -fundada un año antes- defendida por Francisco Pizarro y sus aliados huaylas. Aunque las fuerzas inkas causaron serios problemas a los españoles, no pudieron tomar la ciudad, en parte por la falta de un conocimiento táctico adecuado para el combate en terrenos llanos.
La Resistencia en Vilcabamba (1537-1572)
Tras el fracaso del asedio al Cusco y a Lima, Manco Inka se retiró a la selva de Vilcabamba, estableciendo un "Estado Neoinka" en una zona inaccesible para los españoles. Desde este refugio, continuó la resistencia.
Manco Inka (1537-1544): Desde Vilcabamba, Manco Inka organizó una guerra de guerrillas, atacando caravanas, fortalezas y a los aliados indígenas de los españoles. Sin embargo, en 1544 fue asesinado por un grupo de españoles almagristas a quienes había dado refugio.
Los Sucesores de Manco Inka: La resistencia fue continuada por sus hijos. Sayri Túpac negoció con los españoles y se rindió a cambio de tierras y riquezas. Su hermano, Titu Cusi Yupanqui, reanudó la guerra de guerrillas, aunque también mantuvo un diálogo con los españoles y permitió la evangelización en Vilcabamba.
Túpac Amaru I (1571-1572): A la muerte de Titu Cusi Yupanqui, su hermano Túpac Amaru I asumió el liderazgo del Estado Neoinka. Él endureció la postura de resistencia y rechazó cualquier acuerdo con los españoles. Esta intransigencia llevó al virrey Francisco de Toledo a lanzar una ofensiva militar para erradicar el último reducto inka. En 1572, las tropas virreinales invadieron Vilcabamba, capturando a Túpac Amaru I. Fue llevado al Cusco y, a pesar del rechazo de muchos clérigos, fue ejecutado públicamente en la plaza mayor de la ciudad.
Con la muerte de Túpac Amaru I, el Estado Neoinka de Vilcabamba llegó a su fin, marcando la culminación de la resistencia inka organizada contra la conquista española.
Qoya Raymi Quilla del 2025.

