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9 de julio de 2025

WAKA YOLANDA: ESTE TEMOR DE HALLARME DESCUBIERTO

El hallazgo de un antiquísimo mural finamente decorado suele ser una buena noticia para la ciencia y el turismo, pero en el Perú del siglo XXI se convierte en un mensaje de auxilio ante la amenaza de huaqueros y agricultores…y la indiferencia de las autoridades culturales.


Roberto Ochoa Berreteaga


Uno de los mayores enigmas en antiguo Perú es la denominada “gran muralla del Santa” que corre desde las playas vecinas a la desembocadura del río Santa (en Chimbote) hasta casi decenas de kilómetros tierra adentro. Fue identificada por dos aviadores estadounidenses que en 1931 registraban el territorio nacional con miras a la ampliación de la frontera agrícola.

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Era tan semejante a la gran muralla china que los aviadores-fotógrafos la bautizaron así, y no faltaron entusiastas viajeros y arqueólogos que la concibieron como un muralla construida por los chimú para defenderse de la invasión inca. Todo cambio cuando el Dr. Julio C. Tello -el papá de la arqueología peruana- recorrió buena parte del tramo costeño de la muralla, desde la desembocadura del río Santa hasta el poblado de Tanguche, situado a casi 30 kilómetros del litoral y en un tingo (intersección de quebradas) que forma el río Santa con un río seco (ver mapa).

Tras el arduo recorrido, Tello llegó a la conclusión que no era una muralla defensiva sino un camino que sirvió para el intercambio comercial y ritual entre las poblaciones de la costa y sierra de os actuales departamentos de Áncash y La Libertad.

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Todo esto sucedió hace cien años, aproximadamente. Pero el año pasado estábamos recorriendo el valle de Chao (en La Libertad) cuando la arqueóloga Cecilia Mauricio nos sugirió realizar la ruta de Tello pero al revés: llegamos a Tanguche siguiendo la nueva autopista y descendimos hasta el sorprendente WakaCorral, descrito por el Dr. Tello. En el camino nos dimos con otra sorpresa: el yacimiento arqueológico de la waka Pampa Yolanda, ubicado a solo un kilómetro de Tanguche y al que se accede por los caminos de las chacras vecinas. Debe tener unas 50 hectáreas en la falda de un cerro de cumbre piramidal y con una falda que se expande como delta antes de llegar a la zona de sembríos. La zona es seca y empedrada pero deja entrever las cuadrículas de los que fue una urbe preinca en la que sobresale una enorme waka piramidal escalonada y otra construcción con un patio perfectamente circular y hundido. Casi todas las construcciones son de piedra sin tallar pero unidas con barro que me hizo recordar los antiquísimos templos en U del período formativo. Desde la cumbre de una de estas pirámides se tienen una visión extraordinaria del valle del río Santa y de las cumbres de los contrafuertes andinos que se alzan hacia la salida del sol.

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Toda la waka Pampa Yolanda parece instalada sobre una superficie lunar: miles de cráteres revelan que los huaqueros hacen de las suyas en estos asentamientos arqueológicos. Miles de huesos humanos emergen entre las piedras rodeados de pedazos de cerámica, textiles rústicos y una que otra pieza de lo que fue un ajuar funerario saqueado por los ladrones del patrimonio. Y este detalle nos hizo recordar la expedición del Dr. Tello. Hace un siglo, ya denunciaba la presencia de huaqueros en todas las zonas arqueológicas vecinas a la ruta de la muralla del Santa.

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EL MURO DE LAS ESTRELLAS


Estos ladrones de patrimonio destruyen contextos funerarios en busca de vasijas en buen estado, finos textiles o algunas piezas de orfebrería para traficar. En muchos casos arrasan con vestigios arquitectónicos de suma importancia histórica y artística. Algunos se salvan, como sucedió en waka El Brujo, en Pañamarca, en Ventarrón y otros sitios donde los arqueólogos han logrado recuperar finos murales multicolores que han servido para reescribir la historia del Perú.

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Y esto es precisamente o que acaba de suceder en waka Pampa Yolanda. El año pasado, la Dra. Cecilia Mauricio nos adelantó que estaba en busca de financiamiento para investigar en la zona, y nos señaló un enorme forado de huaquero donde afloraba una esquina de un antiquísimo muro con altorrelieves.

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Ella ejerce la docencia en la PUCP y ya tiene un lugar en la historia del Perú por sus sorprendentes hallazgos en el valle de Chao, en La Libertad, donde logró identificar y recuperar para la ciencia antiguos geoglifos y los vestigios de un asentamiento humano que logró aprovechar los fenómenos del Niño para desarrollar la agricultura, así como la elaboración de los adobes más antiguos del mundo andino.

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En eso estaba pero tuvo que interrumpir sus investigaciones cuando le llegó la noticia de las nuevas amenazas sobre waka Pampa Yolanda: Al creciente huaqueo -incluso con maquinaria pesada- se suma la expansión de zonas de cultivos en áreas que son patrimonio cultural. Las autoridades de Tanguche nada pueden hacer contra estos nuevos invasores y las autoridades culturales de La Libertad se muestran sospechosamente indiferentes ante el peligro.

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Sólo se salvó ese forado identificado por la Dra. Mauricio el año pasado. Tuvo que interrumpir sus investigaciones en Chao y se instaló con su equipo de jóvenes arqueólogos para recuperar lo poco que dejaron en pie los huaqueros.

Bastó un par de días de excavación en el forado que dejaron los huaqueros cuando salió a luz la esquina de un bello muro tridimensional que denota una sorprendente iconografía de motivos marinos, astronomicos y seres divinizados.


En un primer momento creyeron que se trataba de las típicas imágenes moche o chimú -propia de la zona- pero grande fue su sorpresa cuando fueron develando iconografía de fina manufactura chavín, comparable a la descubierta en los frisos de waka Garagay, en el distrito limeño de San Martín de Porres, o en waka Ventarrón, en Lambayeque. El hallazgo también trajo el recuerdo de los recientes descubrimiento en waka Pañamarca, en el valle del río Huarmey, cuyos murales y frisos fueron noticia mundial por la belleza de sus diseños y su buen estado de conservación.

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La arqueóloga reconoció que se trata de un hallazgo inédito para los vecinos valles del Santa y de Chao y se sorprendió por el buen estado de los frisos. “Lo que está expuesto es un mural con diseños en ambos lados, con imágenes de peces y estrellas con colores azules y amarillos. Puede tener hasta cuatro mil años de antiguedad”, reveló la arqueóloga.


Sin embargo, mas allá de la sorpresa inicial por el valor histórico del hallazgo, la Dra. Mauricio hizo un llamado a la comunidad académica, a las autoridades culturales y políticas, al Congreso y al Ministerio de Cultura para que tomen cartas en el asunto y detengan el tráfico de tierras y las invasiones en las zonas arqueológicas ubicadas en la provincia de Chao.

Ella comparte el temor de que un hallazgo tan sorprendente sea destruido por la inacción de las autoridades. 


https://es.scribd.com/document/365691200/La-Muralla-de-Santa

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