
Un libro de historia basado en un antiguo documento revela detalles de los conflictos sociales, políticos, económicos y hasta étnicos en el próspero sector de la industria textil
Roberto Ochoa Berreteaga
Si el año pasado cerró con publicaciones que revelan detalles inéditos de nuestra historia, el 2026 arrancó con más de una novedad…y de las buenas. Me refiero a la última publicación de la historiadora Mariam Salas Olivari: Visita a los obrajes de San Juan de Chinchero y de Nuestra Señora de Gran Canaria.

Se basa en un documento registrado hace poco más de 425 años en medio de un arduo proceso judicial que enfrentó a comuneros ayacuchanos y a la familia propietaria de un obraje (fábrica textil de la época). Pero el libro que nos presentó Salas Olivari se gestó hace medio siglo, cuando la historiadora hurgaba en archivos y bibliotecas para responder el porqué los obrajes fueron escenario de rebeliones que precedieron a todo el proceso emancipador en Perú y el resto de la América hispana.


“A través de las páginas de la ´Visita´ fui identificando instituciones y personajes, así como la política laboral y salarial establecida en los obrajes y los problemas que iba generando la interactuación de dos grupos política y culturalmente opuestos”, sostiene la historiadora en el estudio histórico preliminar de la obra.

En todo este tiempo, Salas Olivari siguió el derrotero bibliográfico que le brindó la “Visita” para descifrar el proceso de estos grandes talleres textiles virreinales. Desde la inversión de capital, el origen de los propietarios y de los trabajadores, las condiciones laborales, materia primas, herramientas, insumos, producción, el mercado de telas terminadas y los medios de transporte.
Como sabemos, los textiles procedentes del virreinato del Perú tuvieron mucha demanda en la metrópoli, tanto así que en algún momento puso en jaque la producción peninsular. Hubo casos como, por ejemplo, el de industriales de Barcelona que no soportaron la competencia y le exigieron al rey de España sancionar con aranceles y hasta prohibir el ingreso de los textiles peruanos.

Pero en el caso de la “Visita” estudiada por Salas Olivari se dio otra particularidad: su investigación revela ese siniestro juego de tronos en el que se enfrascaron los propietarios (españoles y criollos), las comunidades indígenas, los mineros, encomenderos, la iglesia, las autoridades limeñas y ayacuchanas comprometidas en todo el sistema textil y, de manera particular, en el caso de los obrajes de San Juan de Chinchero y Nuestra Señora de la Gran Canaria.
Otro detalle interesante que nos brinda el libro es la persistencia del uso de quipus y de quipucamayoc en los juicios y demandas registrados tanto en Ayacucho como en Lima. Demostrando así que la información almacenada en las célebres cuerdas anudadas persistieron casi un siglo después de la conquista del Tawantinsuyo.

Más allá de la valiosa información proporcionada por la autora en el estudio preliminar del libro vale destacar el proceso histórico de este juego de tronos (o de poder) y los ciclos económicos de los obrajes en la América española, desde 1519 en Nueva España (hoy México) hasta el impacto del proceso emancipador en 1824, pasando por el impacto de las reformas borbónicas y los enfrentamientos entre criollos y españoles. En la segunda parte del estudio preliminar se puede descifrar el funcionamiento de todos los participantes en este juego de tronos político, económico y social.
La segunda parte del libro empieza con un análisis del documento, la cronología, los personajes, documentos, bibliografía y la reveladora transcripción de la “Visita”.
Este libro también resulta fundamental para entender cómo el Perú mantuvo su tradición textil durante el virreinato. Y esto es importante si consideramos que lo textil fue la base de la identidad cultural andina. Basta recordar que desde la “invención” de llamas y alpacas hasta la domesticación del algodón de colores, las culturas que se desarrollaron en el mundo andino tejieron su identidad hasta convertirlo en un emblema de su esplendor. No sólo a través de sus finas prendas de vestir que maravillaron a los conquistadores. También por la utilización de quipus -tejidos con fibra de camélidos y algodón- como inéditos instrumentos contables y de comunicación.
