
WAYRU WAYRU PISHCAMANTA
El hallazgo de un dado de piedra (pishca) en el corazón de los chachapoyas demuestra el antiguo y difundido origen de un juego de azar que también sirve de oráculo en las sierra de Lima
Roberto Ochoa Berreteaga
Un interesante hallazgo arqueológico pasó desapercibido en los últimos días pese a que se trata de un artefacto que sigue vivo en algunas tradiciones andinas en pleno siglo XXI.
Me refiero al antiquísimo dado de piedra que sirvió como juego de azar y de uso ritual en ciertas ceremonias en casi todo el mundo andino. Son muy escasas y sus dimensiones varían. Son conocidas como “pishca” (“cinco’, en runasimi). Los arqueólogos la encontraron durante las excavaciones realizadas en Ollape, una llaqta similar a Kuélap pero sin su muralla perimetral. Está ubicado en el distrito La Jalca, región de Amazonas y vecino a Kuélap.

El equipo de arqueólogos liderado por Pablo Solís y Omar Falconí -de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza- hizo noticia en los últimos meses por otros hallazgos en Ollape, como el de tres cabezas clavas que decoraron las paredes de esas viviendas circulares con techo cónico que caracteriza a la arquitectura de los chachapoyas. En Ollape se han identificado como 200 de esas construcciones. Por su ubicación promete convertirse en un nuevo atractivo turístico que se puede integrar al circuito Chachapoyas, Kuélap y Leymebamba.

El hallazgo del dado mereció un buen informe de la agencia Andina y medios de comunicación locales, pero en Lima casi pasó desapercibida. Y es que los especialistas se refieren a la pishca como si fuera un objeto fuera de uso pese a que forma parte fundamental de la cultura viva en lugares como San Andrés de Tupicocha, en la provincia limeña de Huarochirí.
Es bueno saber que el primer registro arqueológico de una pichca se lo debemos a Hiram Binghan. Fue hallado en Machupicchu y solo conocemos el dibujo realizado por John Rowe en 1946. Años después Arturo Jiménez Borja halló varias pishcas en un contexto funerario en Pachacámac. Se sabe, además, que se identificaron pishcas en lugares tan alejados como Mendoza (Argentina) y Curicó, en Chile.
Varios cronistas también escribieron sobre este juego de azar que fue comparado a los dados hispanos, pese a que algunos pishcas son cubos mientras que otros semejan pirámides truncas. En ambos casos, las rayas en cada lado marcan del uno al cinco: hok, iskay, kinza, tawa, pishca…
VER:
El padre Pablo Joseph de Arriaga, extirpador de idolatrías, describe que los velorios duraban cinco (pishca) días, tiempo en que los deudos ayunan y juegan pishca casi sin imnterrupción. Su colega, el padre Francisco de Ávila, describe un ritual similar con un juego de dados para pronosticar las lluvias y así determinar qué sembrar ese año.

En ambos casos, estas descripciones corresponden a las sierras de Lima (Cajatambo y Huarochirí).
Creo que fue en enero del año 1999 cuando viajé a San Andrés de Tupicocha para escribir una crónica sobre la Huayrona (cereminia ritual de cambio de autoridades). En esos días Gerald Taylor se encontraba en Lima presentando una nueva edición de su traducción del Manuscrito Quechua de Huarochirí. Lo invité al viaje y recuerdo su sorpresa cuando pudimos participar en la elección de los presidentes de cada parcialidad (los antiguos ayllus) y en ese ritual de colocar antiguos quipus como bandas presidenciales. Taylor quedó maravillado al comprobar que siguen vivos antiguos rituales que él había leído y traducido en el manuscrito quechua.

En esa misma Huayrona, el entonces alcalde de Tupicocha, Roy Vilcayauri, me convenció para volver en esas mismas fechas y participar en una antiqusíma ceremonia de pronóstico metereológico con el uso de pishcas o dados trapezoidales (similares al hallado en Amazonas). Se trata de la WAYRU WAYRU PISHCAMANTE, una ceremonia de cultura viva que hoy en día se sigue realizando en el anexo de Pacota, tan cerca y tan lejos de la ciudad de Lima.
Pero lo mejor es leer la investigación del Frank Salomon (autor del libro Quipucamayoq) donde revela detalles inéditos de la Wayru Wayru Pishcamante en Pacota, Tupicocha:
https://journals.openedition.org/bifea/6900?lang=en

Lo curioso es que Pacota y Tupicocha están ubicados muy cerca a Pishcamarka o Cinco Cerros, una enigmática formación rocosa que son identificados como los cinco huevos de donde surgió Pariacaca, la deidad más importante del panteón huarochirano. Cinco también son los días que duraban los velatorios y cinco, pishca, es el número sagrado de Huarochirí, epicentro del célebre manuscrito quechua y una tierra donde, en pleno siglo XXI, los dioses y hombres sobreviven al paso del tiempo.
