
El “Bartolo” cumplió con la publicación de un libro finamente ilustrado y dedicado a la vida y obra del gran retratista cusqueño.
Roberto Ochoa Berreteaga
“Esa mañana tocaron la puerta y mi hermana mayor, Enma, salió por la ventana:
-¿A quién busca señor?
-Estoy buscando a mi amigo Ochoa. Tenemos que viajar…
Mi hermana se emocionó. Era el presidente Fernando Belaúnde Terry en persona. Mi padre salió con todo su equipo y viajaron en helicóptero para tomar fotos de Pacareqtambo, Sacsayhuaman, Machupicchu… Casi un mes trabajó con esas imágenes que luego yo llevé a Lima y lo dejé en manos del propio presidente en palacio de gobierno. Me recibió con mucho cariño y me regaló su retrato con una dedicatoria…”


El testimonio es de Nohemi Ochoa Turner, la hija menor del fotógrafo, y forma parte del capítulo mas emotivo del libro Horacio Ochoa, imágenes del Cusco y su gente 1935-1960, publicado por el Centro Bartolomé de las Casas (CBC) con la fundación alemana Gerda Henkel Stiftung.
La obra fue presentada la semana pasada en Cusco previa exposición en el festival Sunqururuymantapacha realizado a fines del año pasado en la ciudad ombligo. En Lima ya se puede adquirir en Librería El Virrey (70 soles) de Miraflores. Consta de cinco capítulos bien definidos y una emotiva sección con los testimonios de hijos y nietos del fotógrafo que incluye QR donde se puede escuchar la grabación de las voces familiares.
Tiene razón don Valerio Paucarmayta Tacuri, director del CBC, cuando afirma que “el libro constituye una ventana privilegiada hacia la vida social, cultural, urbana y rural del Cusco en la primera mitad del siglo XX”.
Agregaría que también es una ventana para entender que así como la escuela cusqueña de pintura es reconocida como la corriente artística mas importante de la América virreinal, así también la obra de Chambi, Ochoa, Figueroa Aznar, los hermanos Cabrera, César Meza, Miguel Chani y otros maestros; forman parte de una escuela cusqueña que marcó la génesis del arte fotográfico en el Perú y en la América del siglo XX.
Y es aquí donde el Centro Bartolomé de las Casas se alza como guardián de esa memoria gracias a los treinta mil negativos que alberga la Fototeca Andina.
Ochoa vivió intensamente su época. Llevó a su amigo y colega (en ese orden) Martín Chambi a conocer Machupicchu y otros lugares vecinos a la hacienda Colpani, de los Ochoa urubambinos. También fue el fotógrafo oficial de una expedicióm política-deportiva en Apurímac donde plasmó un registro etnográfico y arquitectónico imprescindible para reconocer el esplendor de su patrimonio. Ochoa también fue periodista, reportero gráfico, fotógrafo policial y llegó a ocupar el cargo de alcalde del tradicional distrito de San Sebastián.

Además de su registro gráfico, a Ochoa hay que reconocer su dote de retratista y, por sobre todo, como un maestro del retoque fotográfico en una época en que nadie imaginaba la existencia de la fotografía digital ni del Fotoshop. A decir de Valerio Paucarmayta “Ochoa ha sido reconocido como un retratista excepcional de la mujer y las familias cusqueñas… las familias se muestran como espacios de afecto, continuidad y esperanza. Su obra invita a mirar Cusco no solo como un lugar, sino como una comunidad viva que respira en cada mirada, en cada postura y en cada expresión”.
Luis Nieto Degregori escribe el capítulo dedicado a la vida y obra de Ochoa, mientras que Yadira Hermoza Ricalde revela detalles de la Fototeca Abndina del CBC y su compromiso con la memoria. Un capítulo fundamental es el de Melanie Candia Muñoz y Winy Yeez Gutiérrez: unen sus conocimientos para explicar el aporte de Ochoa al arte del retoque fotográfico. Por su parte, Regina Mejía Liza escribe sobre la casi desconocida e interesante Comisión Deportiva Apurímac (1938), en la que Ochoa participó como reportero gráfico. Esta comisión merece su propio libro como para recuperar y promover el patrimonio histórico apurimeño.

Creo que el único capítulo fuera de lugar es el titulado Repensar el archivo fotográfico, escrito por Valeria Lotz Choque. Contiene información interesante pero no para esta publicación y el espacio utilizado pudo servir para ampliar el capítulo con testimonios de Juan y Nohemi Ochoa (hijos) y de los nietos Juan Luis Ochoa Jara Ruth Magaly Gil Ochoa. También pudo servir para incluir mas información sobre el trabajo que realizó Horacio Ochoa como fotógrafo oficial de la Policía de Investigaciones del Perú. Una etapa como para entender los vaivenes políticos y criminales del Cusco en el siglo XX.

El libro Horacio Ochoa, imágenes de Cusco y su gente, merece un sitial como referente turístico y cultural del sur andino, y como prueba del nivel que alcanzaron los fotógrafos de la escuela cusqueña. También debería convertirse en un recuerdo, algo así como un souvenir de lujo con su pasta dura, su formato de cuaderno y sus hojas en papel couché. Una hermoso recuerdo gráfico de ese Cusco que se pierde en medio de este boom inmobiliario y turístico.
Insisto en que yo le hubiera otorgado un mayor despliegue gráfico y testimonial a los hijos y nietos de Horacio Ochoa.

Mientras leo y escucho vía QR la anécdota de Enma Ochoa con el presicente Belaúnde, pienso que aquella vez que entrevisté a FBT en Cusco y lo convencí para las fotos de despedida en Sacsayhuamán (*) ahora creo que no fue por una simple suerte de periodista, sino porque el exmandatario debió confundirme o asociarme con su viejo amigo Horacio Ochoa.
(*) https://www.andaresmagazine.com/testimonios/la-despedida-de-fernando-bela%C3%BAnde-en-cusco












